viernes, 18 de mayo de 2012

UNA VEZ CONOCÍ A UN HOMBRE

Hay escritores y escritores
Hay restoranes y restoranes
Hay escritores que son como los restoranes
Con cocina a la vista
Y escritores que no
Pero el trabajo de los cocineros en la trastienda es
Considerablemente más entretenido

Este hombre no mostraba su cocina
Lo que no significa
Que no pasara mucho tiempo en ella
Simplemente
No era un agrimensor de su poesía
No rompía los juguetes
Para mostrar a otros o a sí mismo los resortes
Le interesaban más las preguntas
Por usar una palabra que es casi un insulto
Filosóficas

Y yo conocí a este hombre una vez
Reía sabiendo
Que la risa encierra una verdad que no pide permiso
No hubiese sido justo
Que la muerte lo emboscara
Haciendo o deshaciendo las valijas
Sólo podía morir así
En el camino

viernes, 4 de mayo de 2012

RUIDOS


Descripta más o menos directamente la situación es la que sigue. La puerta que da privacidad al inodoro me separa del único interruptor que activa la luz de todo el baño de hombres de la oficina. Quedo entonces a merced de que quien entre a usar el mingitorio o el lavatorio apague la luz por costumbre al salir, dejándome sin querer a oscuras.  Hacerse notar se vuelve en ese contexto una necesidad. Sin embargo, no articulo en ese momento palabra alguna. Para comunicarme con quien está del otro lado de la puerta echo mano del desodorante de ambiente o del rollo de papel, o de cualquier otro objeto que a través del ruido que logre hacer con él me baste para transmitir mi mensaje, que es siempre el mismo: estoy acá adentro, no apagues la luz al salir. La razón por la cual uno prefiere realizar esas maniobras que tienen algo de ridículo y de patético en vez de apelar lisa y llanamente a la propia voz es el pudor. Una versión indirecta del pudor, donde lo que se oculta no es, como en otras situaciones, lo íntimo, o no solamente eso al menos.  Es el pudor que lleva a ocultar la identidad que la articulación de la voz delataría. El mismo pudor de quienes suben a Internet videos que exponen su sexualidad a la vez que ocultan cuidadosamente su cara. Algo me hace pensar que este pudor opera en otros ámbitos que también son íntimos aunque no sean fáciles de localizar anatómicamente. Que también la voz o la expresión directa son determinadas veces una forma de delatarse, de ponerse en evidencia cuando se trata de los sentimientos, esos mismos que la televisión mercantiliza con facilidad. Que hay una intimidad de los sentimientos que esas veces el pudor nos impide decir lisa y llanamente, y echamos mano de rodeos y señales y ruidos.

jueves, 19 de abril de 2012

DEMONIOS Y CEREMONIOS

Hay, a grandes rasgos, dos tipos de personas: demonios y ceremonios. No se trata aquí de posiciones existenciales ni de la propiedad de los medios de producción, es algo más sencillo. A modo de definición podríamos decir que, mientras que el ceremonio tipo, para ir de A a D, necesita atravesar primero B y C, el demonio tipo va a los saltos. Dos músicos tienen que reunirse en el estudio de grabación para grabar juntos. El primero llega un par de horas antes, estudia lo que va a ser objeto de grabación, se concentra en el trabajo. El otro llega un poco tarde, con alguna copa de más, listo para grabar. Son dos ejemplos claros de ceremonio y demonio, respectivamente. Claro que la riqueza de la posibilidad humana es vasta e irreductible a fórmulas binarias y la realidad ofrece matices, grados intermedios. Hay demonios con algo de ceremonio y ceremonios con algo de demonio, hay ceremonios que se quieren demonios y demonios que se quieren ceremonios, hay demonios y ceremonios que no responden adecuadamente a su naturaleza y un largo etcétera. Eso y que ninguna conclusión o aplicación significativa se pueda derivar todavía no deben disuadirnos, sin embargo, de preservar la distinción.

miércoles, 18 de abril de 2012

DOS ESCENAS

Una es una escena de una telenovela brasilera. Dos sicarios deben terminar con el líder del Movimiento Sin Tierra. Llegado el momento le dan alcance, el hombre no tiene escapatoria, ellos van a caballo y él a pie. En una de las calles internas de una plantación, o quizás un surco o una zanja, el hombre cae al suelo. Los asesinos lo observan desde arriba de los caballos. El hombre, a su vez, los mira desolado, sus ojos claros abiertos a lo irremediable. Nada se interpone entre el hombre indefenso y los disparos. Los jinetes obtienen la sangre y la muerte que han ido a buscar.
La otra escena es de una película estadounidense. Dos hombres violan a una mujer y le advierten que van a matarla si los denuncia con la policía. Ella no se deja amedrentar y hace la denuncia. Ellos se enteran, van a buscarla y la asesinan. Aquí el paisaje es suburbano y no rural, nadie anda a caballo, no hay una mirada desgarradora que se grabe en la memoria. Y sin embargo, frente a dos extremos posibles (la súbita bala que atraviesa absurdamente una cabeza en el nihilismo de la impunidad o la urgencia de la pura acción; la muerte digna del que aunque siente la vida yéndosele del cuerpo sabe cumplida su tarea y se enorgullece del sacrificio realizado), las dos escenas plantean la misma inquietud, que no es absurdo ni heroísmo trágico: la brutalidad incómoda del crimen sin escollos, la trayectoria recta de lo excecrable.

viernes, 13 de abril de 2012

GRISES


El momento en que el arte olvida sus orígenes artesanos para investirse de cierto prejuicio aristocrático. El albatros de Baudelaire en medio de ese olvido, con toda la señoría de saberse majestuoso en el aire y torpe sobre la cubierta del barco, porque esa torpeza del abajo no hace sino confirmar y mantener la pureza majestuosa del arriba. Ese momento, decía, ese olvido, ese albatros, y preguntarme si la necesidad de lo que los libros llaman “experiencia estética” golpea la puerta de todos, o si hay por el contrario un nuevo olvido, menos severo que el otro, o quizá más, y que genera grises.

martes, 27 de marzo de 2012

TUS OJOS

Tus ojos son una provincia del misterio,
famosa por sus flores y sus amaneceres,
anhelada por peregrinos que imploran la certeza
de que la vida sigue a pesar de todo.
En el centro del cielo estrellado están tus ojos,
cernidos sobre las víctimas del naugragio,
guiando la supervivencia hacia la vida.
Y yo, que apenas sé del mar,
me siento, sin embargo,
capaz de deshacer el tiempo y la distancia
tan sólo para verlos y ser visto

por vos.

NO SEPAS

Mis ojos no los mires
Hay lo que dicen y no quiero que lo sepas
Más allá hay la vida verdadera, el mundo para que te distraigas
El tumulto de la sangre
La solidez del sufrimiento
Más allá los amaneceres y las mariposas
Los colores del arcoiris
Las nubes descubriendo el cielo cielo
Te doy todo eso
Todo
De veras todo
Pero mis ojos no los mires
No quiero que lo sepas